Los trabajos de Osías Yanov se ubican en un umbral interdisciplinario entre la danza y la escultura. En sus obras se abordan desde la forma, el gesto y el símbolo exploraciones identitarias,  reconfiguraciones del cuerpo, acercamientos al éxtasis y la liberación. En 2006 funda con otros 4 integrantes el colectivo de arte Rosa Chancho, donde utilizan la performance para la creación de momentos narrativos eliminando el discernimiento entre grupo e individuo. En los últimos años, Yanov se ha centrado en su trabajo individual. Sus obras recientes han sido exhibidas en MALBA, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, Argentina -  Museo Precolombino, Casa del Alabado, Quito, Ecuador -  Gasworks, London, United Kingdom - 11º Bienal de Gwangju, Corea del Sur.


¿Cómo definirías tu práctica? ¿Qué lugar ocupa el cuerpo dentro de tus investigaciones?


Cómo afecta la realidad que angustia a mi entorno con la dificultad de entender donde desborda el límite de lo individual hacia lo grupal y qué respuesta puede dar el cuerpo a ello siempre es un punto de partida para mi trabajo.  Pensarlo en grupo, pensar bailando, pensarlo en éxtasis, incluir procesos íntimos y grupales para proponer una alternancia a la realidad.

Con todas sus dificultades el contexto artístico puede seguir siendo un espacio que suspenda de conflictos al cuerpo por un determinado tiempo en busca de una revelación. Por qué el cuerpo? porque creo que es el misterio más grande.


¿Cómo encaja tu trabajo dentro de la nueva generación de performance en Argentina? ¿Qué artistas observas?


Creo que la noción de performance en Argentina aún la estamos definiendo y de manera muy potente, a partir de un surgimiento explosivo en los últimos años de muchas acciones donde el cuerpo se veía involucrado enmarcados en un contexto artístico que se había desacostumbrado a ello. Influenciados por contactos con la danza, el teatro, la noche, el exceso de la calle, los usos de la tecnología y las drogas. Y por la revisión de las acciones que pusieron el cuerpo desafiando los espacios simbólicos de poder durante las dictaduras latinoamericanas con una perspectiva actualizada de los conflictos. En esa línea hoy trato de estar atento a las propuestas certeras de Marcelo Galindo, Luciana Lamothe, Diego Bianchi, Luis Garay, Florencia Vecino, Mariela Scafati,  BásicaTV, Marisa Rubio, Bruno Grupalli y  Dudu Quintanilla.


¿Por dónde van las líneas de trabajo futuras?  ¿Cual fué tu última obra?


Hace unos meses que me he detenido a pensar cuales son o deberían ser esas líneas, los últimos meses han sido de impactos tan grandes a nivel global que siento que todas las líneas de trabajo deben estar en reconsideración. Pensar en un nuevo accionar.  Mientras estoy atento a quién descifra mejor nuestra conducta en la política y en la vida, si los algoritmos contemporáneos del big data o las estadísticas milenarias de la astrología.


La última obra la realicé en Quito-Ecuado. Durante dos años,con viajes de investigación, desarrollamos un sistema para generar un  diálogo entre piezas arqueológicas de culturas pre-hsipánicas de la colección de un museo (de las que no se tiene mucho conocimiento) con una serie de movimientos corporales. Buscábamos un camino “inverso” donde no eran los objetos los que nos daban información de su posible contexto histórico, sino nosotros que con el baile le entregábamos una posible mirada de nuestro entorno contemporáneo a ellos (los objetos).


En este momento estoy concentrado especialmente en  dos obras una a exhibirse en San Sebastián - España con curaduría de Juan Canela en donde se cuestiona cuál es el lugar de la magia, el ritual y lo irracional en relación con los métodos tradicionales de adquisición de conocimientos.